Aunque el romero es conocido por su robustez y su capacidad para repeler muchas plagas gracias a sus intensos aceites aromáticos, no es completamente inmune a los problemas. Cuando se cultiva en condiciones subóptimas, como en lugares con poca luz, mala circulación de aire o exceso de humedad, su resistencia natural puede debilitarse, haciéndolo vulnerable a ciertas enfermedades fúngicas y al ataque de algunos insectos. La clave para mantener un romero sano reside en la prevención, creando un entorno de cultivo que fortalezca sus defensas naturales y evite la aparición de problemas. Reconocer los primeros signos de una infestación o enfermedad es crucial para poder actuar rápidamente y evitar que el problema se agrave.

La prevención es, sin lugar a dudas, la mejor estrategia en el manejo de plagas y enfermedades del romero. Un romero feliz es un romero sano. Esto comienza con la elección de un lugar de plantación adecuado que ofrezca al menos seis horas de luz solar directa al día. El sol no solo es vital para la fotosíntesis, sino que también ayuda a mantener el follaje seco, dificultando el establecimiento de hongos. Un suelo con un drenaje impecable es igualmente crucial; el encharcamiento es el enemigo número uno del romero, ya que debilita las raíces y las hace susceptibles a patógenos del suelo.

La circulación de aire adecuada es otro pilar de la prevención. Evita plantar el romero demasiado cerca de otras plantas o de muros que puedan bloquear el flujo de aire. Un buen espaciado permite que la brisa se mueva a través del follaje, secando rápidamente el rocío matutino o el agua de la lluvia y reduciendo la humedad ambiental alrededor de la planta. La poda regular también contribuye a mejorar la ventilación interna del arbusto, eliminando las ramas congestionadas y permitiendo que la luz y el aire penetren en el centro de la planta.

El riego correcto es fundamental. Riega siempre en la base de la planta, directamente sobre el suelo, evitando mojar el follaje tanto como sea posible. El agua en las hojas, especialmente si permanece durante la noche, crea las condiciones perfectas para la germinación de esporas de hongos. Además, sigue la regla de oro de dejar que el suelo se seque completamente entre riegos. Un sistema radicular sano y fuerte es la primera línea de defensa de la planta contra muchas enfermedades.

Inspeccionar regularmente tus plantas te permitirá detectar cualquier problema en sus etapas iniciales, cuando es mucho más fácil de controlar. Revisa tanto el haz como el envés de las hojas, así como los tallos y la base de la planta. Busca cualquier signo inusual, como manchas, decoloraciones, presencia de insectos, telarañas finas o sustancias pegajosas. Una intervención temprana puede significar la diferencia entre un problema menor y la pérdida de la planta.

Enfermedades fúngicas comunes

La enfermedad más frecuente que afecta al romero es el oídio. Este hongo se manifiesta como un recubrimiento polvoriento de color blanco o grisáceo en las hojas, tallos y a veces en las flores. Prospera en condiciones de alta humedad, temperaturas moderadas y mala circulación de aire, por lo que es más común en primaveras y otoños húmedos o en plantas cultivadas en interiores con poca ventilación. Aunque raramente es mortal, puede debilitar la planta al interferir con la fotosíntesis y afectar su apariencia. Para tratarlo, puedes usar fungicidas a base de azufre, aceite de neem o bicarbonato de potasio, asegurándote de cubrir bien todas las partes afectadas.

La pudrición de la raíz, causada por varios hongos del suelo como Phytophthora, es la enfermedad más letal para el romero. Como su nombre indica, este problema es el resultado directo de un exceso de agua y un drenaje deficiente. Los síntomas aéreos, como el marchitamiento, el amarilleamiento y la caída de las hojas (empezando por la base), a menudo no aparecen hasta que el daño en las raíces es severo. Las raíces afectadas se vuelven negras, blandas y se deshacen al tacto. La prevención es la única cura efectiva: planta en un suelo muy bien drenado y riega con moderación. Si se detecta en una fase muy temprana en una planta en maceta, se puede intentar salvarla trasplantándola a un sustrato nuevo y seco después de podar todas las raíces podridas.

El moho gris o Botrytis cinerea es otro hongo que puede atacar al romero, especialmente en condiciones frescas y húmedas. Causa manchas marrones y acuosas en hojas y tallos, que luego se cubren de un moho gris y velloso. Afecta principalmente a los tejidos dañados o a las flores marchitas, por lo que es importante mantener la planta limpia de restos muertos y podar cualquier parte dañada. Mejorar la circulación del aire es fundamental para su prevención. En caso de infección, retira y destruye inmediatamente todas las partes afectadas para evitar la propagación de las esporas.

Ocasionalmente, el romero puede verse afectado por manchas foliares causadas por diversos hongos. Estas aparecen como manchas necróticas de color marrón o negro en las hojas, a veces con un halo amarillo. Generalmente, no son un problema grave a menos que la infección sea muy extendida. La mejor defensa es mantener el follaje seco y asegurar una buena ventilación. Si la enfermedad es recurrente, las aplicaciones preventivas de un fungicida a base de cobre a principios de la primavera pueden ayudar a proteger el nuevo crecimiento.

Plagas de insectos chupadores

A pesar de sus propiedades repelentes, el romero puede ser atacado por algunos insectos chupadores, especialmente si la planta está estresada. Los pulgones son una de las plagas más comunes. Estos pequeños insectos de cuerpo blando, generalmente verdes o negros, se congregan en los nuevos brotes y en el envés de las hojas, succionando la savia de la planta. Una infestación fuerte puede causar el enrollamiento y la deformación de las hojas jóvenes y debilitar la planta. Además, excretan una sustancia pegajosa llamada melaza, que puede fomentar el crecimiento de un hongo negro conocido como negrilla.

Para controlar los pulgones, a menudo basta con un chorro fuerte de agua de la manguera para desalojarlos. Si la infestación persiste, se puede recurrir al jabón insecticida o al aceite de neem. Estos productos actúan por contacto, por lo que es crucial pulverizar a fondo toda la planta, prestando especial atención al envés de las hojas. Fomentar la presencia de depredadores naturales en el jardín, como las mariquitas y las crisopas, también es una excelente estrategia de control biológico a largo plazo.

Los ácaros araña, en particular la araña roja (Tetranychus urticae), pueden ser un problema, sobre todo en condiciones cálidas, secas y polvorientas, o en plantas cultivadas en interiores. Estos diminutos arácnidos son difíciles de ver a simple vista, pero su presencia se delata por un fino punteado amarillento en las hojas y, en casos avanzados, por la formación de finas telarañas entre los tallos y las hojas. Succionan el contenido celular de las hojas, lo que les da un aspecto bronceado o plateado.

El control de los ácaros araña comienza con el aumento de la humedad, ya que detestan los ambientes húmedos. Rociar las plantas con agua regularmente puede ayudar a prevenir su establecimiento. Si ya están presentes, el jabón insecticida o el aceite de neem son tratamientos efectivos. Al igual que con los pulgones, es esencial una cobertura completa de la planta. En el exterior, los ácaros depredadores son enemigos naturales eficaces que pueden ayudar a mantener las poblaciones bajo control.

Otros insectos y problemas

Las cochinillas algodonosas son otra plaga chupadora que puede afectar al romero. Se reconocen fácilmente por su apariencia, ya que parecen pequeñas masas de algodón agrupadas en las axilas de las hojas y en los tallos. Al igual que los pulgones, succionan la savia y excretan melaza, lo que puede atraer a las hormigas y favorecer el desarrollo de la negrilla. Son particularmente problemáticas en plantas de interior o en invernaderos.

El control de las cochinillas puede ser un desafío debido a su recubrimiento ceroso y algodonoso que las protege de los insecticidas de contacto. Para infestaciones pequeñas, se pueden eliminar manualmente con un hisopo de algodón empapado en alcohol isopropílico. Para brotes más grandes, el aceite de neem o los insecticidas sistémicos pueden ser necesarios. Asegurar una buena circulación de aire y evitar el exceso de fertilización nitrogenada, que produce un crecimiento tierno y atractivo para ellas, ayuda en la prevención.

Las moscas blancas también pueden aparecer, especialmente en ambientes cálidos y protegidos como los invernaderos. Estos pequeños insectos voladores se encuentran típicamente en el envés de las hojas. Cuando se agita la planta, levantan el vuelo en una nube blanca. Tanto los adultos como las ninfas succionan la savia, debilitando la planta. El control es similar al de los pulgones, utilizando jabón insecticida o aceite de neem, con la dificultad añadida de que los adultos pueden volar y escapar del tratamiento. Las trampas adhesivas amarillas son útiles para capturar a los adultos voladores.

Finalmente, aunque no son insectos, los cercópidos, conocidos comúnmente como «salivazos», pueden ser vistos en el romero en primavera. Las ninfas de este insecto se rodean de una masa de espuma similar a la saliva para protegerse de la deshidratación y de los depredadores. Aunque su apariencia puede ser alarmante, raramente causan un daño significativo a la planta. Se pueden eliminar fácilmente con un chorro de agua si su presencia resulta molesta.

Estrategias de manejo integrado

El manejo integrado de plagas (MIP) es el enfoque más sostenible y eficaz para mantener el romero libre de problemas. Este método no se basa en una única solución, sino que combina diferentes estrategias para prevenir y controlar las plagas y enfermedades de la manera menos perjudicial para el medio ambiente. El primer paso, como ya se ha destacado, es la prevención a través de prácticas culturales adecuadas: elección del sitio, drenaje, circulación de aire y riego correcto. Un cultivo sano es la base de todo.

El monitoreo regular es el segundo componente clave. Al inspeccionar tus plantas con frecuencia, puedes identificar los problemas antes de que se conviertan en una crisis. Esto te permite tomar medidas de control menos drásticas y más específicas. Por ejemplo, eliminar manualmente unas pocas cochinillas es mucho más fácil que tratar una infestación masiva. El uso de trampas adhesivas puede ayudarte a detectar la presencia de plagas voladoras como la mosca blanca.

Cuando se necesita una intervención, el MIP prioriza los métodos de control de menor riesgo. Esto incluye controles mecánicos (como chorros de agua o eliminación manual), controles biológicos (fomentando depredadores naturales) y el uso de pesticidas de origen natural y bajo impacto, como el jabón insecticida, el aceite de neem o los productos a base de piretrinas. Estos productos suelen ser menos persistentes en el medio ambiente y más seguros para los insectos beneficiosos en comparación con los pesticidas sintéticos de amplio espectro.

El uso de pesticidas químicos sintéticos debe ser siempre el último recurso, reservado para infestaciones severas que no han respondido a otros métodos. Si necesitas usar un producto químico, elige uno que sea específico para la plaga que estás tratando para minimizar el daño a los organismos no objetivo. Lee y sigue siempre las instrucciones de la etiqueta cuidadosamente, prestando atención a las dosis, los métodos de aplicación y las precauciones de seguridad. Al adoptar un enfoque de MIP, no solo protegerás tu romero, sino que también contribuirás a la salud general de tu jardín y del ecosistema local.