Plantar y propagar romero es una tarea gratificante que te permite multiplicar esta maravillosa hierba aromática y compartirla con amigos y familiares. El proceso de establecer una nueva planta de romero, ya sea a partir de una planta comprada en un vivero o de un esqueje de una planta madre, es relativamente sencillo si se siguen unos pasos clave. La elección del momento adecuado, la preparación del suelo y el cuidado inicial son fundamentales para asegurar que la joven planta desarrolle un sistema de raíces fuerte y se establezca con éxito en su nuevo hogar. Entender el ciclo de vida de la planta y sus preferencias naturales te guiará para tomar las mejores decisiones, garantizando un suministro continuo de romero fresco para tus necesidades culinarias y ornamentales.

La primavera es, sin duda, la mejor estación para plantar romero al aire libre. Una vez que ha pasado todo riesgo de heladas y el suelo ha comenzado a calentarse, las condiciones son ideales para que la planta se establezca rápidamente. Plantar en primavera le da al romero toda la temporada de crecimiento, primavera y verano, para desarrollar un sistema radicular robusto antes de enfrentarse a las bajas temperaturas del invierno. Si vives en un clima con inviernos suaves, también puedes plantar en otoño, lo que permite que las raíces se establezcan durante los meses más frescos y húmedos. Evita plantar durante el calor extremo del verano, ya que esto puede causar un estrés innecesario a la joven planta.

Antes de plantar, es crucial preparar adecuadamente el lugar elegido. Como se ha mencionado, el romero exige un drenaje excelente. Si tu suelo es arcilloso o compacto, deberás enmendarlo. Cava un hoyo que sea al menos el doble de ancho que el cepellón de la planta y un poco más profundo. Mezcla la tierra extraída con una cantidad generosa de compost, arena gruesa o grava fina para mejorar su estructura y capacidad de drenaje. Esta preparación inicial crea un entorno acogedor para las raíces, animándolas a expandirse más allá del cepellón original y a anclarse firmemente en el suelo.

Al sacar la planta de su maceta de vivero, manipula el cepellón con cuidado. Si las raíces están muy compactadas o enredadas, desenrédalas suavemente con los dedos para estimularlas a crecer hacia afuera en el nuevo suelo. Coloca la planta en el centro del hoyo, asegurándote de que la parte superior del cepellón quede al mismo nivel o ligeramente por encima del nivel del suelo circundante; plantar demasiado profundo puede provocar la pudrición del tallo. Rellena el hoyo con la mezcla de tierra enmendada, apisonando suavemente para eliminar las bolsas de aire.

Una vez plantado, realiza un riego profundo y completo para asentar el suelo alrededor de las raíces y proporcionar la humedad inicial necesaria para su establecimiento. Durante las primeras semanas, es importante mantener el suelo ligeramente húmedo, pero no empapado, para ayudar a la planta a superar el shock del trasplante. A medida que la planta comience a mostrar signos de nuevo crecimiento, podrás reducir gradualmente la frecuencia del riego, permitiendo que el suelo se seque entre riegos, como lo harías con una planta ya establecida.

La propagación por esquejes

La forma más fácil y popular de propagar el romero es a través de esquejes de tallo. Este método no solo es económico, sino que también produce una nueva planta que es un clon genético exacto de la planta madre, asegurando que conservará las mismas características de aroma, sabor y hábito de crecimiento. El mejor momento para tomar esquejes es a finales de la primavera o principios del verano, cuando la planta está en pleno crecimiento activo y los tallos son semi-leñosos, es decir, ni demasiado tiernos y verdes ni demasiado viejos y duros.

Para tomar los esquejes, elige tallos sanos y vigorosos que no tengan flores. Con unas tijeras de podar limpias y afiladas o un cuchillo, corta secciones de unos 10 a 15 centímetros de largo desde las puntas de las ramas. Realiza el corte justo debajo de un nudo de hoja (el punto donde las hojas se unen al tallo). Una vez que tengas los esquejes, retira las hojas de la mitad inferior de cada tallo, dejando solo unas pocas hojas en la parte superior. Este paso es importante porque reduce la pérdida de agua por transpiración y evita que las hojas enterradas se pudran.

Aunque el romero a menudo enraíza sin ayuda, el uso de una hormona de enraizamiento en polvo o en gel puede aumentar significativamente la tasa de éxito y acelerar el proceso. Simplemente humedece la base del esqueje y sumérgela en la hormona, sacudiendo el exceso. Luego, inserta la base del esqueje en una maceta pequeña o bandeja de semillero llena de un sustrato ligero y bien drenado, como una mezcla de perlita y turba o arena gruesa. Entierra aproximadamente la mitad de la longitud del esqueje en el medio de cultivo.

Coloca los esquejes en un lugar cálido y luminoso, pero protegido de la luz solar directa, que podría deshidratarlos. Mantén el sustrato constantemente húmedo, pero no encharcado; una buena técnica es regar la bandeja y luego cubrirla con una bolsa de plástico transparente o una cúpula de propagación para crear un ambiente húmedo similar a un invernadero. En unas 4 a 8 semanas, los esquejes deberían haber desarrollado un sistema de raíces. Para comprobarlo, tira suavemente del esqueje; si sientes resistencia, significa que ha enraizado. Una vez que las raíces estén bien establecidas, puedes trasplantar las nuevas plantas a macetas individuales.

La propagación por semillas

La propagación del romero a través de semillas es un método posible, pero presenta más desafíos que la propagación por esquejes. La germinación de las semillas de romero puede ser lenta y errática, con tasas de éxito a menudo bajas. Además, las plantas cultivadas a partir de semillas pueden no ser idénticas a la planta madre, especialmente si se trata de un cultivar híbrido. Sin embargo, puede ser un experimento interesante y una forma de obtener una gran cantidad de plantas si se tiene paciencia y se proporcionan las condiciones adecuadas.

Para empezar, necesitarás semillas de romero frescas, ya que su viabilidad disminuye con el tiempo. Comienza el proceso en interiores, unas 8 a 10 semanas antes de la última helada prevista. Rellena bandejas de semillero o macetas pequeñas con un sustrato de iniciación de semillas estéril y bien drenado. Esparce las semillas sobre la superficie del sustrato y cúbrelas con una capa muy fina de tierra o vermiculita, ya que necesitan luz para germinar. Riega suavemente con un pulverizador para no desplazar las semillas.

La temperatura es un factor crítico para la germinación. Las semillas de romero necesitan calor, idealmente entre 25 y 30 grados Celsius, para germinar de manera efectiva. Colocar las bandejas sobre una esterilla térmica de propagación puede mejorar enormemente las tasas de germinación. Cubre las bandejas con una cúpula de plástico transparente para mantener la humedad alta y constante. La germinación puede tardar entre 15 y 30 días, o incluso más, así que la paciencia es clave. Durante este tiempo, asegúrate de que el sustrato permanezca húmedo.

Una vez que las plántulas hayan germinado y desarrollado su primer par de hojas verdaderas, puedes retirar la cubierta de plástico para mejorar la circulación del aire. Continúa manteniendo el sustrato húmedo y proporciona luz brillante, ya sea desde una ventana orientada al sur o bajo luces de cultivo. Cuando las plántulas sean lo suficientemente grandes como para manejarlas y tengan varios pares de hojas, puedes trasplantarlas con cuidado a macetas individuales. Aclimatiza gradualmente las jóvenes plantas a las condiciones exteriores antes de plantarlas definitivamente en el jardín después de que haya pasado todo peligro de heladas.

La propagación por acodo

El acodo es otra técnica de propagación vegetativa que es muy fiable para el romero, especialmente para las variedades de porte rastrero. Este método consiste en inducir la formación de raíces en una rama mientras todavía está unida a la planta madre. La principal ventaja del acodo es que la rama sigue recibiendo agua y nutrientes de la planta principal durante el proceso de enraizamiento, lo que reduce el estrés y aumenta las posibilidades de éxito. Es una técnica sencilla que requiere muy poco mantenimiento.

Para realizar un acodo, selecciona una rama larga y flexible que esté cerca del suelo. En un punto a unos 15-20 centímetros de la punta de la rama, retira las hojas y realiza una pequeña herida en la corteza de la parte inferior de la rama con un cuchillo limpio. Esta herida estimula la formación de raíces en ese punto. Si lo deseas, puedes aplicar un poco de hormona de enraizamiento en la herida para acelerar el proceso. A continuación, dobla la rama hacia el suelo de modo que la sección herida entre en contacto con la tierra.

Cava una pequeña zanja en el suelo y entierra la sección herida de la rama, dejando la punta de la rama fuera de la tierra. Utiliza una horquilla de alambre, una piedra o un gancho de jardinería para mantener la rama firmemente en su lugar y asegurar un buen contacto con el suelo. Riega la zona y mantenla húmeda, como lo harías con el resto de la planta madre. La rama comenzará a desarrollar su propio sistema de raíces en el punto de contacto con el suelo.

El proceso de enraizamiento puede tardar varios meses, a menudo completándose a finales de la temporada de crecimiento. Para comprobar si se han formado raíces, intenta mover suavemente la parte enterrada; si se siente anclada, es probable que haya enraizado. Una vez que estés seguro de que se ha desarrollado un sistema radicular fuerte, puedes cortar la rama que conecta la nueva planta con la planta madre. En este punto, la nueva planta de romero es independiente y puedes dejarla crecer en su lugar o trasplantarla con cuidado a otra ubicación o a una maceta.